“Quiero aclarar, antes que todo, que los ejemplos sonoros que voy a presentarles no tienen que ver con el contenido de esta conferencia. Son dos mundos paralelos – como ocurre en la vida. Aquí estamos en la cultura, los yanquis afuera en la barbarie. así es todo. Son ejemplos de extraordinaria calidad, incalificables e inclasificables como modernos, de concierto, populares, cultos, folclóricos, etc.
Mi Charla no tiene intenciones de provocar controversias sobre la cultura de masas, solo advertir que actualmente hay un echo musical reducido a “fetiche” – como decía Adorno. Una reducción que consiste en amalgamar tres elementos: música en serie, autor-intérprete-ídolo y distribuidor-promotor-difusor. Este último se convierte en la base del triángulo al que juntamos la cuarta pata de la mesa: el público. Cuando este engranaje – casi siempre diabólico – echa a andar, se crea una relación entre el público consumidor masificado y el producto artístico-comercializado, produciéndose la consabida adoración del objeto-música, arte-pueblo, fetiche de masas-”ídolo”.
La música – buena o mala – es aceptada en bloque como algo óptimo para consumir porque el mercado la propone, acepta e impone. El mercado es un cíclope, un gigante servido por un intermediario al que llamo el “eslabón perdido” – perdido para el público, no para la maquinaria de cultura masiva consumista, ni para el artista.
Sabemos todo que un pueblo con identidad y raíces culturales sólidas es capaz de resistir cualquier manipulación externa – al menos teóricamente. con el término manipulación me refiero a las propuestas musicales de grandes consorcios o intereses que invaden literalmente los mercados del arte con sus modelos concretos de impecable forma y, muchas veces, lamentable contenido.”…
… “hoy en día, el 85% de la difusión es música norteamericana, el otro 15% se divide en tres áreas – lo que nos beneficia en parte: un tercio de músicas locales, o sea, música japonesa en Japón, música peruana en Perú; otro tercio de música europea consumida en el continente -salvo la música de concierto, claro está- y un último, en pleno auge, de música salsa. Dicha estadística no es muy ortodoxa por las fluctuaciones del mercado, pero tampoco es inventada. sale principalmente de las sociedades protectoras de derecho autoral.
La importancia con el fenómeno reciente de Buena Vista Social Club a modo de ejemplo. No admito perder un minuto siquiera analizando, ingenua o demagógicamente, que los valores de BVSC existía antes del boom del producto industrial. Eso es obvio, pero no fue hasta que llegó el soporte cinematográfico de la mano de un gran talento creador, que esta obra se catapultó hasta dimensiones nunca vistas, beneficiando a nuestros creadores y continuadores de esa materia prima. En este caso la fabrica de talentos ha sabido juntar operaciones económicas con la calidad artística en la justa medida.
Como la información ha ido acelerándose hasta limites insospechados, los mecanismos con que opera el “eslabón perdido”, han tomado el mismo ritmo vertiginoso. No hay estudio de campo, no hay trabajo previo,; no importa, se construye el artista en la fábrica de talentos.He aquí la formula: se escoge una docena de jóvenes bien atractivos de ambos sexos, u se les entrena salvajemente durante un tiempo breve; se les monta un repertorio alrededor de la canción-espectáculo y son lanzados por la TV y en gira de conciertos, donde se venden, paralelamente, el CD, las fotos, el video ya grabado, los autógrafos, las camisetas, etc. Por supuesto que la televisión sigue paso a paso el desarrollo del nacimiento de estos artistas fetiches hasta en su vida privada. Ese continuo intimar con el telvidente, le confiere al futuro idolo, simpatía, similitud y hasta hermandad con el espectador.
Toda esta operación, sabiamente dosificada, ha logrado barrer a casi todos los grandes artistas representantes de la cultura popular auténtica.Nos enfrentamos a un crimen donde la fabrica de talentos asesina al público con un producto artístico de dudosa calidad, subproducto que es devorado por los consumidores (adolescentes en un 90%) que se ven reflejado en su ídolo-fetiche a tráves de la operación freudiana por todos conocida (Dies Irae).
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